
Muy cerca de Uleila, en la vereda que va hacia el cortijo Serafin, al pasar el de Cecilio Martinez, a la derecha, se encuentra esta pequeña edificación, que siempre quise, y nunca supe, la utilidad que antes se le dió.
Muchas son las que salpican nuestros campos junto a ribazos a medio caer. Pienso, que seria para el cobijo de pastores y gente de campo, para guarecerse de las lluvias, antes más abundantes.
Algunas de ellas, son magnificas obras de arte. Solo piedra con piedra, alcanzando algunas más de tres metros de techo.
Me gustaria que algún amigo nuestro, nos hablára un poco más de estas pequeñas obras.Texto de F.Quiros


CHOZAS
Es frecuente la aparición en las sierras almerienses, sobre todo en el macizo nevado-filábride, de edificaciones elementales de escasa dimensión que, situadas en los secanos, sirven como refugio en caso de tormenta o como cobijo de pastor cuando se encuentran cercanos a las majadas, es lo que se conoce como:
• Cortijillo, Doña María, Escúllar, Fiñana.
• Cortijillo del ubio, Senés, Velefique.
• Cortijo de viña, Ohanes.
• Choza, Benizalón, Fiñana, Tahal, Turre.
• Choza de pastor, María.
Construcciones de escasa dimensión, que raramente alcanzan los 5 m2, pueden realizarse a dos aguas con palos que sostienen un tejido de monte y albardín o esparto, tal como aparecen en el valle del Almanzora y en la mayor parte del Levante almeriense.
En los Vélez estas chozas las realizan los pastores sobre muros laterales de piedra seca que sirven de base a una cubierta a dos aguas realizada con ramas y leña cruzada sobre la que se coloca pasto y tierra para protegerse de la crudeza del clima; se suelen situar sobre las majadas.
Estas chozas alcanzan su mayor abundancia y diversidad en el macizo nevado-filábride, donde aparecen junto a numerosos secanos, siempre en piedra, generalmente seca, aunque también aparezca el barro en algún caso y más raramente el yeso como aglomerante; el predominio de la piedra seca es absoluto por la incomodidad de tener que transportar el agua y, en su caso el material, para amasar la tierra o el yeso.
Estos refugios eran realizados casi siempre por los propietarios de la tierra en que aparecen, aunque a veces se hicieran con la ayuda de los ribaceros, personas dedicadas al trabajo de la piedra seca.
Sus plantas pueden ser cuadradas, rectangulares, redondeadas o amorfas, con dimensiones variables que oscilan desde menos de 1 m2 hasta 4 ó 5 m2, con alturas que oscilan entre el metro o menos y los 2 m.; nunca se revocan ni blanquean, su cubierta puede ser de largas losas que actúan de dinteles, falsas cúpulas por acercamiento de hiladas o cubiertas aterrazadas similares a las de las construcciones mayores de la zona.
Aunque prácticamente todos estos cortijillos son de propiedad, nunca tienen puerta y se reconoce el derecho de refugio en ellos de cualquiera que se vea sorprendido en las inmediaciones por una tormenta.
En algunos pueblos (Alboloduy, Fiñana, Gérgal, Paterna del Río, etc.) se entiende por cortijillo una construcción algo mayor que las anteriores que puede servir, junto al reposo, de almacén o cuadra y, a menudo, dispone de un rincón para preparar la comida. Estos cortijillos sirven como cobijo eventual cuando sus propietarios realizan los trabajos de los secanos.
Construcciones menores y alejadas de los núcleos de población, humanizan con su presencia las sierras almerienses.

Fuente: Páginas 202 y 203 del libro: “Arquitectura y Tecnología Popular en Almería”, escrito por Antonio Gil Albarracín. Editorial Griselda Bonet Girabet, con la colaboración del Colegio de Arquitectos de Almería y del Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Almería. Almería, Diciembre de 1.992.



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